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OFENSIVA IMPERIAL Y DISPUTA POR EL “FIN DEL MUNDO” TIERRA DEL FUEGO AIAS

OFENSIVA IMPERIAL Y DISPUTA POR EL “FIN DEL MUNDO” TIERRA DEL FUEGO AIAS

Julian BilmesporJulian Bilmes
5 enero, 2026
en ConTextos / En la tempestad
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El repliegue guerrerista estadounidense llega hasta el extremo sur americano

El mundo asiste a una nueva fase de la transición geopolítica contemporánea, marcada por el repliegue estratégico y declive agresivo estadounidense bajo el trumpismo 2.0, como ilustra amargamente la agresión sobre Venezuela por estos días. La incapacidad de sostener la hegemonía global ha llevado a Washington a redefinir prioridades y a reforzar su control sobre aquellos espacios que considera vitales para su seguridad nacional y su reproducción económica, en lo que ellos denominan como hemisferio occidental.

En este marco, América Latina y el Caribe, “Nuestra América”, que ha sido concebida históricamente como su patio trasero por el águila del Norte, sufre de una nueva ofensiva del sistema imperialista comandado por Estados Unidos, y que se cristalizó recientemente en su nueva Estrategia de Seguridad Nacional, con el “corolario Trump” de la Doctrina Monroe. Ello expresa un repliegue americanista que busca garantizar el acceso privilegiado a recursos naturales, controlar infraestructuras críticas y bloquear la presencia de potencias extrahemisféricas, en particular China.

Si bien el foco más crudo y dramático de esta ofensiva imperial sobre lo que considera su patio trasero se centra en el Mar Caribe, con la embestida contra Venezuela, ello se proyecta sobre toda nuestra región. Lejos del foco de la atención global y regional, los tentáculos del imperialismo yanqui llegan hasta el extremo sur del continente americano. La provincia argentina más austral, Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur (TDF AIAS), emerge como pieza estratégica para el imperio en su pelea con China, Rusia y las potencias reemergentes.

Su relevancia radica, en primer lugar, en los pasos bioceánicos entre el Atlántico Sur y el Pacífico que circundan la Isla Grande de Tierra del Fuego, únicos naturales del continente: estrecho de Magallanes, Canal Beagle y Mar de Hoces –o pasaje de Drake–. Ello se viene revalorizando ante la renovada relevancia que asume la “geopolítica de los accesos” marítimos y fluviales estratégicos en materia geoeconómica y geopolítica, en el actual contexto de desorden mundial.

En segundo lugar, se trata de la zona más próxima al “continente blanco” (1000 km aprox.), en particular de la península antártica, zona de mayor actividad logística del continente. En efecto, se aprecia una carrera por constituir la principal “puerta de entrada” antártica entre Puerto Argentino (Stanley para la toponimia de ocupación británica), en las Islas Malvinas, el eje Punta Arenas-Puerto Williams, en Chile, y Ushuaia, capital de la provincia de TDF AIAS. En tercer lugar, existen importantes recursos estratégicos en esta región: petróleo y gas onshore y offshore, potentes vientos para energía eólica y una diversidad de riqueza ictícola: merluza, calamar, salmón, mejillones, etc.

Así, TDF AIAS aparece hoy como un territorio en disputa y bajo ataque, atravesado por intereses imperiales, corporativos y militares, en tensión con las capacidades estatales y los proyectos de desarrollo soberano que la Argentina venía logrando construir, con todas sus ambivalencias, limitaciones y tensiones.

 

El Comando Sur frente a la “amenaza china”

Un indicador elocuente de esta centralidad es la intensificación de la presencia del Comando Sur de las Fuerzas Armadas estadounidenses en la Argentina y, en particular, en Tierra del Fuego. En los últimos cinco años, la provincia recibió la visita de tres jefes distintos del Comando Sur: el almirante Craig Faller en 2021, la generala Laura Richardson en 2024 y el almirante Alvin Holsey en 2025. Lejos de tratarse de visitas protocolares, estas misiones tuvieron un contenido político explícito.

Las declaraciones públicas de estos altos mandos no dejaron lugar a ambigüedades. En distintos foros y entrevistas, hicieron referencia directa a la importancia estratégica de los recursos naturales de la región, mencionando hidrocarburos, litio, cobre, tierras raras y demás ‘minerales críticos’, y agua dulce como activos clave para la seguridad nacional estadounidense. En un contexto de transición energética y competencia tecnológica global, estos recursos son considerados insumos esenciales, y su control se vuelve un objetivo prioritario, bajo una concepción de la región como una reserva estratégica a disposición de los intereses imperiales.

Especial preocupación genera en las altas esferas estadounidenses la creciente presencia china en toda América Latina en materia de proyectos de infraestructura, recursos naturales y tecnologías críticas, y en particular en el extremo austral. Proyectos vinculados a puertos, logística, energía y proyección antártica son observados con recelo por Washington, que los presenta como potenciales amenazas a la seguridad hemisférica.

El proyecto de polo petroquímico y puerto propio en las cercanías de Río Grande es un ejemplo paradigmático. Iniciado hacia 2008, a cargo de Tierra del Fuego Energía y Química (TEQSA), formada por capitales chinos de Shaanxi Chemical Industry Group, fue paralizado por problemas institucionales y financieros locales en años posteriores. Hace pocos meses el proyecto se reflotó por parte del actual gobierno provincial.

Algo similar ocurrió con las discusiones en torno al polo logístico antártico y la Base Naval Integrada de Ushuaia, un proyecto estratégico de larga data cuya construcción tuvo inicio en 2022 bajo la gestión del entonces ministro de Defensa Jorge Taiana. Trascendidos sobre una presunta participación china en este proyecto (que no fue tal, cabe aclarar) generaron las alertas estadounidenses, y ello fue utilizado como pretexto para forzar el ingreso directo estadounidenses, bajo la promesa de cooperación y financiamiento, apuntando a emplazar una base para sus submarinos nucleares.

Lo anterior está estrechamente conectado con la competencia estratégica en torno a la Antártida, dado el vertiginoso crecimiento de China, que inauguró recientemente su quinta base antártica, igualando en número las establecidas por EE.UU., siendo que inició su presencia antártica recién en 1981. Ello se suma a la presencia de Rusia, aliado estratégico del dragón asiático, uno de los actores históricos y con mayor cantidad de bases en el sexto continente. A raíz de la creciente disputa geopolítica, escalada bélica mediante, y en particular con la nueva fase de la guerra en Ucrania, en 2022, se advierte una paulatina erosión y posible “deshielo” del Sistema del Tratado Antártico que destina el continente para la paz y la ciencia.

 

La Argentina de Milei: sumisión colonial y avance angloestadounidense

En este marco, el gobierno de Javier Milei y su política exterior de alineamiento automático y sumisión colonial con Estados Unidos, Israel y el Reino Unido facilita el avance de importantes posiciones de estas potencias imperialistas. En abril de 2024 esto se expresó en forma evidente, con el viaje presidencial a Ushuaia, entre gallos y medianoche, para rendirle pleitesía a la entonces Jefa del Comando Sur Richardson, anunciando una presunta base naval conjunta entre ambos países, y entonando el himno estadounidense. En claro contraste, dos días antes el pueblo fueguino había conmemorado el aniversario de la Guerra del Atlántico Sur en una masiva vigilia que sostiene una memoria colectiva vinculada a la soberanía y al conflicto colonial.

Mientras en el presupuesto nacional se eliminó toda partida destinada a la continuidad de la base naval, como de todo el resto de obra pública de cualquier tipo, el tema volvió a aparecer luego de la tormenta financiera que estuvo próxima a derribar el plan económico de Caputo y Milei, previo a las elecciones de medio término. Circularon versiones sobre su inclusión como moneda de cambio en las negociaciones por el salvataje de Trump y Bessent que permitió sostener el gobierno y ganar las elecciones. Días después se habilitó el ingreso de tropas estadounidenses a las bases navales de Mar del Plata, Ushuaia y Puerto Belgrano en un período de casi un mes, bajo la denominada Operación Tridente.

Otra solicitud estadounidense con aval gubernamental fue la reactivación del radar de la empresa LeoLabs, de capitales irlandeses-estadounidenses-británicos, próximo a Tolhuin, en el corazón de la Isla Grande de TDF. Si bien su habilitación se dio en 2022, durante el gobierno anterior, se generó gran polémica en ese entonces por sus posibles usos militares y su posible conexión con la base militar británica en las Islas Malvinas, por lo cual fue cancelada su autorización por el entonces Ministro Taiana, algo sobre lo cual dio marcha atrás el actual gobierno. En el último año y medio, LeoLabs selló alianzas con los gobiernos de EE.UU. y Reino Unido en materia de vigilancia espacial, con claros fines militares, con lo cual blanquea conexiones y terminales que permiten intuir su inscripción en el sistema de inteligencia anglosajón Five Eyes.

En torno a la cuestión Malvinas en particular, Milei paralizó y bajó fuertemente el tono del histórico reclamo diplomático por la soberanía argentina vulnerada en torno a las islas y espacios marítimos del Atlántico Sur. En abril de 2025 el presidente expresó que los habitantes de las Islas deberían “votar con los pies” ser argentinos, en un guiño a la estratagema británica de instalarlos como tercer actor en la disputa y de que allí regiría el principio de autodeterminación de los pueblos, algo totalmente forzado si se considera que se trata de población trasplantada por Gran Bretaña luego de la usurpación de 1833.

Mediante el acuerdo Mondino-Lammy, de 2024, se retomó la fórmula del “paraguas de soberanía” instaurada en los Acuerdos de Madrid de 1989-90 y retomada por el Foradori-Duncan de 2016. Así, en pos de supuestos “negocios conjuntos”, se consiente la usurpación y se facilitan los costos de ocupación, en contra del interés nacional. En ese entonces, el Mondino-Lammy fue festejado por el CEO de Rockhopper, petrolera británica que detenta la mayor cantidad de licencias en torno a Malvinas. Es que ello facilita los pasos decididos que viene dando el consorcio empresarial israelí-británico (Navitas-Rockhopper) en torno a los procedimientos institucionales y financieros necesarios para dar inicio, por primera vez y luego de décadas de exploración del potencial en materia de recursos, a la extracción petrolera en aguas 220 km al norte de las Islas, en el proyecto Sea Lion.

En todo esto marco, para terminar de comprender el cuadro de situación, falta sumar dos grandes embates contra la economía de la isla bajo el actual gobierno nacional. Por un lado, la baja de aranceles a productos electrónicos puso en riesgo 60 mil puestos de trabajo, en un nicho de especialización resultante del subrégimen industrial que desde 1972 logró un exponencial poblamiento de la Isla Grande. En ese entonces, el Ministro de Desregulación Federico Sturzenegger salió a plantear que la provincia debería ser “un parque de diversiones mundial”, apuntando contra la industria fueguina. Ello se articula y corona con la salida de YPF de la provincia (comandada en la actualidad por Horacio Marín, hombre de Tecpetrol –grupo Techint–), y toda la Patagonia Austral, en el marco de su Plan Andes, que busca dejar los pozos maduros y concentrar toda la energía en Vaca Muerta y la exportación de hidrocarburos no convencionales en auge.

En fin, la desindustrialización y el debilitamiento de la economía fueguina puede dar lugar a una merma poblacional, justamente con una población fuertemente malvinera que empuja la conciencia bicontinental, la causa Malvinas y la bandera de la soberanía, cuestiones incómodas para un gobierno de vocación abiertamente colonial y sumiso al polo de poder anglo-estadounidense.

 

Reconfiguración territorial y económica fueguina

Ante estos procesos en curso, se asiste a una reconfiguración territorial, económica y estratégica que impacta de manera directa en el sur argentino. La combinación entre subordinación geopolítica, desmantelamiento estatal y apertura irrestricta al capital transnacional configura un escenario particularmente sensible en una provincia que condensa, como pocas, las contradicciones del modelo de país en disputa.

El golpe a la industria fueguina condena al territorio a no ir más allá de enclave extractivo de recursos naturales, siendo que el régimen de beneficios fiscales y aduaneros para empresas radicadas en la isla (Ley 19.640/72) ha sido exitoso en materia de poblamiento, desarrollo de capacidades tecno productivas, institucionales y científicas e inserción en cadenas globales de valor con altos estándares internacionales (como la industria electrónica). En todo caso, más que destruir, el desafío radica en cómo seguir complejizando la matriz productiva y mejorando la sinergia entre actores y componentes clave del subrégimen industrial.

De hecho, la diversificación de la matriz es una de las misiones que se encomendó con motivo de la última modificación del subrégimen, hacia 2021-22, con el Fondo de Ampliación de la Matriz Productiva Fueguina, un instrumento creado para reinvertir parte de la facturación de las empresas en proyectos locales de desarrollo productivo y de infraestructura. Hoy en día el gobierno nacional no ejecuta los proyectos, con más de 300 millones de dólares sin destino definido, a la vez que mediante sus reformas jurídicas busca desnaturalizar el espíritu de la promoción industrial fueguina.

Mientras tanto, la apertura importadora de productos electrónicos, cuya segunda fase de baja de aranceles entrará en vigor en enero 2026, pone en peligro un volumen importante de empleo local, especialmente en Río Grande, donde se concentra el 80% de la producción tecnológica de la isla. Hablamos de una ciudad clave, que se encuentra de frente a Malvinas y que se ha constituido en capital nacional de la vigilia en los aniversarios del 2 de abril. Frente a ello, la gestión municipal de Martín Pérez impulsa un modelo de desarrollo productivo estatal y comunitario para la diversificación y construcción de nuevas actividades productivas.

Mientras tanto, se producen movimientos en sectores económicos fueguinos con implicancias importantes en materia de soberanía y desarrollo. Una de las actividades económicas fuertes de la provincia es la hidrocarburífera, destacándose por su modalidad costa afuera, en aguas al norte que limitan con Santa Cruz, en la Cuenca Austral. En el proyecto Fénix se condensa la plataforma más austral del mundo para gas offshore, inaugurado recientemente y gestionado por un consorcio transnacional encabezado por la francesa Total Energies. Allí se produjo otro importante embate a la soberanía argentina, con la habilitación para el ingreso de la petrolera británica Harbour Energy, tras la compra de todos los activos globales no rusos de la alemana Wintershall. Es que se trata de la ex Premier Oil, petrolera que operó licencias en Malvinas y estuvo al frente del proyecto Sea Lion, lo cual motivó sanciones del Estado argentino por vulnerar legislación respectiva, entre 2013 y 2022.

La transición energética aparece como otra de las grandes agendas que atraviesan el territorio fueguino, con importantes proyectos en cartera para energía eólica y desarrollo de la economía del hidrógeno, vector energético en ascenso. Presentada globalmente como una respuesta al cambio climático, la transición energética funciona en la práctica como una nueva frontera de acumulación y disputa geoeconómica. La pregunta central no es si habrá transición, sino cómo, para quiénes y en qué condiciones se implementará en el territorio, debates en curso que pudo apreciar quien escribe en un Simposio Científico sobre Transición Energética y Desarrollo Sostenible en Río Grande y en el marco de una estancia académica reciente en la UNTDF.

El golpe al subrégimen industrial fueguino reabrió el debate sobre las alternativas de reconversión productiva. En este marco, la acuicultura volvió a escena como una de las opciones posibles. La reciente habilitación parcial de esta actividad por impulso del gobierno provincial generó debates intensos, en los que se cruzan preocupaciones ambientales, necesidades económicas y capacidades institucionales. Otra vía de reconversión que aparece en agenda es el turismo antártico, una actividad económica de creciente importancia que comporta también una dimensión geopolítica en materia de poder blando.

En estos planes de reconversión productiva, quienes dieron los primeros pasos fueron algunos de los grandes ganadores del subrégimen industrial, buscando diversificarse hacia actividades de pesca, comercialización, producción agrícola, etc. Así, ante el retraimiento estatal asumen un lugar relevante actores privados en áreas estratégicas como la conectividad antártica, como es el caso de Mirgor, empresa de la familia Caputo y ligada a Macri. El otro gran actor económico fueguino, Newsan, recibía hace unos meses a Milei y a su hermana Karina en una visita a la provincia, avanzando luego en despidos y ajustes.

Así, queda en evidencia que el nuevo modelo no garantiza ni empleo ni desarrollo local, sino disciplinamiento social y ganancias para pocos, imponiendo el plan de negocios (ya no de país) que los dueños de la Argentina van delineando a través de su instrumento eventual que es Javier Milei y su partido liberal-libertario. Un modelo que buscan profundizar en la actualidad a través de la nueva ola de reformas estructurales (laboral, tributaria, previsional, educativa, etc.) para transferir más riqueza de abajo hacia arriba y para generar una sociedad mucho más polarizada y desigual.

 

Propaganda pro-estadounidense y venta de pescado podrido

En todo este delicado cuadro de situación planteado, desde distintas voces de la política y los medios de comunicación se viene instalando la absurda idea de que el alineamiento con EE.UU. podría beneficiar a la Argentina en el tema Malvinas. Ello contradice toda evidencia histórica, dado que una idea similar motivó los planes de recuperación del control argentino de las Islas, en 1982, bajo el supuesto de que EE.UU. no intervendría en favor de Gran Bretaña y actuaría como mediador en una supuesta negociación, lo cual se demostraría incorrecto. O en 1831, con el incidente de la fragata USS Lexington que bombardeó las instalaciones en Puerto Soledad, debilitando la presencia argentina y allanando el camino a la posterior ocupación británica en 1833.

Esta operación se articula con otra que apareció en la agenda mediática en los últimos meses, con motivo del salvataje de Trump y Bessent al plan económico de Milei-Caputo, leída como una “invitación al desarrollo”. Según esta lectura, merced al alineamiento incondicional con EE.UU. y sus aliados estratégicos, el gobierno estadounidense realiza un convite al desarrollo a la Argentina de Milei, como en su momento hicieron con Japón y los 4 tigres asiáticos (Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur) y también con Australia, Canadá y Nueva Zelanda. Ello también contradice evidencia histórica acerca de las capacidades socio-estatales que construyeron estos países para su despegue, en las antípodas del cientificidio, industricidio y destrucción de capacidades estatales que realiza el actual gobierno argentino, junto con las grandes diferencias en materia geopolítica. Más bien, el neomonroísmo recargado da cuenta de una “invitación” al subdesarrollo por coerción, cumpliendo el papel asignado para el “patio trasero”.

Este tipo de operaciones en favor de los intereses imperialistas pueden confundir a varios desprevenidos dado el nivel de confusión y la falta de claridad y cohesión que existe hoy en el campo popular, el cual no logra aún reconstruir un movimiento nacional que frene el actual proceso de entrega, desarticulación de capacidades soberanas y empobrecimiento de las condiciones de vida de las mayorías.

Se hace preciso para ello fortalecer la formación integral en la militancia, las universidades, la administración pública y otros ámbitos, a la vez que reconstruir una propuesta de proyecto nacional viable y deseable que devuelva las esperanzas y un horizonte por construir a un pueblo diezmado y aletargado. En este punto es donde TDF AIAS se erige como el corazón de la Argentina Bicontinental, la cual representa una identidad estratégica nacional, un imaginario geopolítico o mera idea-fuerza en materia territorial que pueda contribuir como horizonte futuro para la recuperación y elaboración de un necesario Proyecto Nacional.

 

Cierre. El extremo austral como síntesis del modelo

Tierra del Fuego condensa, de manera particularmente nítida, las tensiones del presente argentino. En ella se cruzan la disputa geopolítica global, la cuestión de los recursos estratégicos, la militarización del territorio y el desmantelamiento de las capacidades estatales. Lejos de ser un caso aislado, funciona como un espejo anticipatorio de lo que puede extenderse al conjunto del país.

La política de alineamiento automático del gobierno de Milei no solo redefine la inserción internacional de la Argentina, sino que habilita una reconfiguración territorial regresiva, funcional a intereses extra-regionales. En el extremo austral global se juegan, así, preguntas fundamentales sobre soberanía, desarrollo y futuro. Dejarlas libradas al mercado y a las potencias en disputa implica renunciar, de hecho, a cualquier proyecto nacional que aspire a algo más que la subordinación.

Julian Bilmes

Julian Bilmes

Julián Bilmes es Sociólogo y Doctor en Ciencias Sociales. Se desempeña como becario posdoctoral del CONICET en IdIHCS (UNLP-CONICET) y docente en la Facultad de Humanidades y Cs. de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata. Se especializa en temas de geopolítica, soberanía, desarrollo y recursos estratégicos e integra distintos espacios de investigación y articulación en estas cuestiones.

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